Quetzalcóatl: deidad de múltiples rostros

Enrique Florescano

Quizá la imagen más conocida de Quetzalcóatl sea la que lo representa como serpiente con plumas o Serpiente Emplumada. En la tradición mesoamericana, la serpiente está asociada con los poderes reproductores de la tierra y la fertilidad. La serpiente es la imagen misma de la resurrección: cada año cambia de piel y se regenera.

Sabemos también que la conocida relación de Venus con Quetzalcóatl se remonta a varios siglos antes de la época tolteca. Dietter Dütting descubrió que los dirigentes de Palenque hicieron coincidir el nacimiento del rey Pacal con la primera aparición de Venus como Estrella Vespertina. Estas tempranas manipulaciones astronómicas muestran que desde el siglo VII los mayas vincularon el nacimiento de sus reyes con la primera aparición de Venus como Estrella Vespertina, transformándolos de este modo en seres divinos, de la misma manera en que siglos más tarde los toltecas y los mexicas convirtieron la desaparición terrestre del legendario rey Ce Ácatl Topiltzin Quetzalcóatl en el nacimiento de la Estrella Matutina.

Quizá la imagen más conocida de Quetzalcóatl sea la que lo representa como serpiente con plumas o Serpiente Emplumada. En la tradición mesoamericana, la serpiente está asociada con los poderes reproductores de la tierra y la fertilidad. La serpiente es la imagen misma de la resurrección: cada año cambia de piel y se regenera. Por otro lado, sabemos que en la mitología indígena serpientes y lluvias están estrechamente relacionadas; se considera a estos reptiles como imagen del rayo, por eso llevan serpientes en las manos los tlaloques, mensajeros de Tláloc que reparten las lluvias […] y los relámpagos y truenos.

El pájaro, a su vez, es una imagen recurrentemente asociada con el cielo y las fuerzas creadoras que habitan en esa región. Pero las plumas que cubren el cuerpo de la serpiente indican, por su color y tamaño, que se trata del plumaje de un pájaro singular: son las largas plumas verdes del quetzal, el ave más bella de la selva tropical húmeda. Las plumas brillantes y coloridas del quetzal eran sinónimo de magnificencia, esplendor y riqueza para los pueblos mesoamericanos. Las plumas irisadas del quetzal eran el ornato principal de la vestimenta de los gobernantes. Solas o acompañadas de otros adornos, las plumas verdes del quetzal eran sinónimo de cosa preciosa, y cuando coronaban el vestuario y las insignias reales, expresaban el esplendor que rodeaba a los altos cargos.

Al reunir en una sola entidad los atributos de la serpiente y del pájaro, que metafóricamente se referían a los poderes germinativos de la tierra y a los creativos del cielo, la Serpiente Emplumada vino a ser sinónimo de Gemelo Precioso.

Desde los más remotos tiempos hasta la época de los aztecas, parece que el significado más general de la Serpiente Emplumada remitía a la renovación vegetal. Las plumas verdes del quetzal que cubren el cuerpo de la serpiente eran una representación simbólica del momento en que la estación seca era sustituida por el tiempo en que la superficie de la tierra se vestía con el ropaje verde de la vegetación. Los brotes verdes de la planta del maíz, que entonces como hoy nacían en los días siguientes a las primeras lluvias del año, formaban en los campos de cultivo una carpeta cubierta de plumas verdes, la imagen más plena para estos pueblos del florecimiento de la vida.

El verde de los primeros brotes de la planta del maíz se convirtió en el color simbólico de la regeneración vegetal, y en el color más apreciado por los pueblos de Mesoamérica. El valor simbólico de este color se fundió con el del jade, la piedra preciosa más estimada, que a su vez se convirtió en símbolo de la energía vital y en el adorno que distinguía al soberano y a los miembros de los linajes nobles. Desde los olmecas, era una costumbre generalizada colocar un chalchihuitl o piedra verde redonda en la boca de los muertos, como un talismán incantatorio que aseguraría su renacimiento posterior. Y esa misma piedra de brillantes tonalidades verdes fue la escogida para adornar la banda frontal de los gobernantes, y para significar el vínculo que unía a estos personajes con el maíz y la energía vital que animaba el orden cósmico y humano.

En el llamado Templo de la Serpiente Emplumada de Teotihuacan, construido a mediados del siglo II d.C. se representa a esta entidad con los símbolos que más tarde reconoceremos en los monumentos de sitios y culturas tan diversos como Xochicalco, Cacaxtla, El Tajín, Tula, Chichén Itzá, Cholula y México-Tenochtitlan. En los tableros de este edificio, el cuerpo ondulante de una serpiente de cascabel aparece recubierto por las plumas preciosas del quetzal. En la parte final del cuerpo serpentino brota, de un círculo de pétalos o plumas, una cabeza esculpida de serpiente. Al lado de esta escultura, inmediatamente después de los cascabeles del ofidio, se representa otra figura extraña, en forma de mascarón, que ha recibido diversas interpretaciones. Varios autores, con distintos enfoques y acentos, sugieren que estas representaciones aludían a la alternancia entre la estación de lluvias y la de secas, atribuyéndole al conjunto escultórico un simbolismo relacionado con la celebración de la renovación vegetal. Aun cuando la relación de estas dos entidades sigue siendo punto de debate, hay consenso en el significado de la Serpiente Emplumada como símbolo de la renovación vegetal. La Serpiente Emplumada representada en los tableros y en el talud de este monumento está rodeada por conchas, caracoles, chalchihuites y otros elementos que se refieren a la cualidad reproductora de las aguas, y más precisamente, a la conjunción fertilizadora de los poderes de la tierra con los del cielo.

 

Enrique Florescano Mayet. Historiador. Doctorado en la Universidad de París. Fue Coordinador Nacional de Proyectos Históricos del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. Su labor científica le ha valido varias distinciones.

Tomado de Enrique Florescano, “Nueva imagen de Quetzalcóatl”, Arqueología Mexicana, núm. 4, pp. 26-32.

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